miércoles, 29 de mayo de 2013

Geografía de la represión y la resistencia

Francisco López Bárcenas
 
 
Amenazas a Pedro Martínez y su familia, de la Coordinadora de Pueblos Unidos del Valle de Ocotlán, por su participación en la lucha contra la minería en José del Progreso; agresiones a mano armada contra Celestino Bartolo Terán y amenazas a su hija Sara Bartolo, en el istmo de Tehuantepec, por su participación en la lucha contra las empresas eólicas; ejecución de Félix Martínez Santiago, líder de la Organización de Pueblos Indígenas Zapotecos (OPIZ), ocurrido este 15 de mayo en la comunidad de Tierra Blanca, San Vicente Loxicha, todos en el estado de Oaxaca; amenazas de muerte a la abogada Estela Ángeles Mondragón, por defender comunidades rarámuris de la invasión de sus tierras por ganaderos, en el estado de Chihuahua; desaparición de Teodulfo Torres Soriano El Tío desde el 24 de marzo, en el Distrito Federal; son casos que configuran parte de la geografía de la represión en este México. No son los únicos, pero muestran que no se trata de un fenómeno aislado, sino de una respuesta sistemática a la resistencia de los pueblos contra el despojo o la imposición, que se extiende por todo el territorio mexicano.
Las formas de lucha son múltiples. Normalmente se estructuran con una mezcla de varios métodos, que dependen de su capacidad de organización, así como de establecer redes que les brinden apoyo. Así, se encuentran desde las típicas acciones de denuncias públicas, marchas y ocupación de edificios públicos, pasando por los juicios legales de diversa índole, hasta la acción directa para defender sus bienes, como ha sucedido en el municipio de Zautla, en la sierra norte de Puebla; el ejido Benito Juárez, en Chihuahua, y Teitipac, en Oaxaca; o a fortalecer su identidad y su relación con el territorio, como los zapotecos de Capulalpan, en Oaxaca, o los wixarika, en San Luis Potosí. Los resultados también son diversos. Aunque en todos los casos se trata de resultados parciales, lo que se ve es que estos dependen de la fuerza de los movilizados más que de la razón de su causa. Existen casos en los que se ha demostrado lo justo de su demanda, pero no han prosperado porque no cuentan con la fuerza suficiente para hacer entender a sus oponentes, o si han obtenido resultados favorables las resoluciones no se pueden ejecutar por las mismas razones anteriores.
Los asuntos en los que no se ha logrado lo que los movimientos se proponen no deben llevar al desanimo, pero tampoco los pequeños triunfos pueden presentarse como logros finales. La lucha contra el despojo es de larga duración y los movimientos tienen que ir aprendiendo a resistir en la lucha misma, sea que ganen o pierdan las batallas, para ganar la guerra. Tejer alianzas y extender el campo de batalla es importante, porque fortalece y permite resolver los problemas cotidianos de la gente. Hace cinco años, cuando este tipo de luchas comenzar a brotar como hongos en tiempos de lluvia pocos creían que se podía derrotar al capital trasnacional, después de un lustro se nota que esa es una utopía posible. En la sierra norte de puebla ya se forman dos presentes que pueden llegar a ser uno; en el istmo y el valle de Oaxaca también ya se crearon organizaciones regionales y seguro que se irán construyendo más. Pero falta mucho para triunfar. Hay que pensar formas novedosas de organización, pero sobre todo el futuro por el que se empeña el esfuerzo. Es necesario dar rostro propio a la resistencia.

sábado, 4 de mayo de 2013


YALÁLAG, la persistencia de la memoria.
Abel Ruíz López.
Es sorprendente cómo Villa Hidalgo Yalálag mantiene vivas diversas prácticas ancestrales, además de leyendas, cantos y sueños. Una notable memoria es la lengua zapoteca la cual lo hablan no sólo los ancianos, sino niños y jóvenes, y adultos la exaltan en las asambleas y en las relaciones comunitarias.
“Nuestra lengua es el código secreto de nuestro pueblo” expresa Joel Aquino Maldonado, director del Centro Cultural de Yalálag, en la primera reunión que tuvo con estudiantes y profesores del Instituto Tecnológico, luego de las acciones previas a la elaboración del Plan de Desarrollo Estratégico Sustentable de Yalálag cuyos responsables son los académicos Marcos Pedro Ramírez López y Roberto Gómez Brena.
Otra de las memorias vivas, sobre todo en los jóvenes, son las artesanías. En los pequeños talleres de huarachería, elaboran adolescentes y jóvenes como verdaderos maestros del curtido, cortes y pulido de las pieles que luego usan para la fabricación de los resistentes y armoniosos huaraches que han distinguido a toda la región. Ni que decir de las bandas de música y las danzas, donde los jóvenes y niños son los protagonistas.
Debido a ello, o quizá por el enigma del tlacoyal (tocado que usa la mujer yalalteca en ocasiones especiales). Yalálag ha cautivado a fotógrafos, pintores, sociólogos y antropólogos, como Julio de la Fuente quien publicara en 1949 Yalálag, una villa zapoteca serrana. Por aquellos años la fotógrafa Lola Álvarez Bravo registra varias escenas entre las que destacan las de un sepelio.
Los orígenes de Yalálag, según fuentes orales y escritas, remontan a los primeros siglos de nuestra era. El asentamiento zapoteca surgió como una avanzada para contener a los mixes. Por los vestigios arqueológicos, aún no explorados, se infiere que Yalálag debió ser una población muy importante antes de la llegada de los españoles. Durante la colonia se trató de borrar toda manifestación indígena, no obstante, los yalaltecos fueron insistentes. De hecho, los poderes nunca les arrebataron la dignidad y la fortaleza de su cultura.
Las fotografías de Yalálag que a continuación aparecen, fueron captadas a raíz de los trabajos previos a la elaboración del Plan de Desarrollo Estratégico Sustentable de Villa Hidalgo Yalálag. De hecho, algunas son las evidencias más inmediatas sobre la realidad de esa población de la Sierra Juárez. Y todos los involucrados fueron muy accesibles y atentos conmigo, y con todos los integrantes del Proyecto Yalálag el cual está avalado por el Instituto Tecnológico de Oaxaca.

sábado, 13 de abril de 2013

viernes, 22 de marzo de 2013


Con la Vara que Mides...

Ing. Miguel Ángel Rodríguez Morales



El modelo por competencias fue impuesto por decisión política en nuestro Instituto y rapidamente implementado por nosotros los docentes; en estos 3 años nos hemos acostumbrado a decir que evaluamos las competencias de nuestros estudiantes, sin deternernos a examinar que el modelo también exige competencias de los docentes.

De acuerdo al proyecto Tuning las competencias del docente tienen una estructura tripartita: Conocimiento del Área de Estudio (el docente interno), Conocimiento Pedagógico (el docente y el estudiante) y Conocimiento de Contenidos Pedagógicos (el docente y el contexto); haciéndose la observación que, en el área de enseñanza de las ciencias, debe ponerse más atención al contexto tecnológico y social, puesto que los ingenieros nos enfocamos a resolver problemas, no a preguntarnos si la solución es conveniente o que efectos tendrá a largo plazo.

¿Qué se espera de nosotros?

  • Conocimiento científico
  • Filosofía personal de la educación de las ciencias
  • Pensamiento crítico
  • Uso de estrategias para medir el aprendizaje de las ciencias
  • Conocimiento de la posición sociológica y política de la escuela
  • Uso de estrategias para integrar la ciencia con la tecnología y la sociedad
  • Ética profesional
  • Uso de herramientas psicológicas para conocer a los estudiantes
  • Facilitación del aprendizaje

Suponemos que si estamos familiarizados con las ideas cientícas del momento podremos presentar el contenido de las materias en una forma coherente, intentando desarrollar en los estudiantes el sentido de curiosidad y asombro, tomando en cuenta las capacidades del alumno para poder elegir las actividades más adecuadads, integrar el conocimiento teórico científico con la tecnología que viven, para que analicen los aspectos científicos que saturan la vida contemporánea, propiciando una actitud abierta a la investigación y prácticas innovativas.



Competencia en epistemología
Construir modelos epistemologicamente competentes sobre las diferentes modelizaciones del estudiante, y sobre las funciones y límites de cada modelo.
Utilizar correctamente los sistemas, aparatos y metodologías técnicos y científicos de su disciplina.
Utilizar adecuadamente criterios de categorización.
Valorar criticamente la validez de cada concepto científico en su momento histórico y su dimensión social.
Diferenciar entre una declaración científica y una no-científica.
Diferenciar entre una posición científica y una dogmática.



Competencia en bibliografía
Utilizar competentemente bibliotecas, libros, revistas, internet, etc.
Analizar criticamente documentos de popularización de las ciencias (publicaciones, libros, documentales, tv, etc.)



Competencia en la didáctica de las ciencias
Análisis de los conceptos científicos de los estudiantes, previos a la enseñanza del tema, y posteriormente para evaluar los cambios conceptuales resultantes
Utilizar los errores del estudiante no para juzgarlo sino para analizar y cambiar sus conceptos
Identificación de los obstáculos didácticos, para definir nuevas estrategias
Construir situaciones didácticas adaptadas del mundo real para el aprendizaje. Por ejemplo, situaciones basadas en problemas o proyectos
Utilización extensiva de laboratorios para aprender conceptos y procesos
Competencia para definir la situación y compromiso didáctico al estudiantado, y presentárselos como un espacio de autonomía activa para ellos



Competencia didáctica y de lenguaje
Adaptación del lenguaje científico al lenguaje del estudiante, sin abandonar la posibilidad de que el estudiante adopte el lenguaje apropiado
Uso de metáforas, ejemplos y otras estrategias pedagógicas
Competencia para motivar al estudiante a escribir reportes de sus actividades



Competencia en evaluación
Competencia para imaginar procesos de análisis y validadción del trabajo del estudiante, de sus hipótesis y conjeturas
Competencia para evaluar las actividades del estudiante en diferentes etapas del proceso, para ayudarlos en su aprendizaje y para prepararlos para su evaluación final
Competencia para ejecutar una evaluación final con criterios conocidos, en lo posible evitando el aprendizaje “de memoria” y que corresponda a la dquisición de las competencias específicas del tema



Me faltan palabras para terminar este escrito, así que recurro a mi memoria, adaptando libremente de una de mis obras musicales favoritas: “Camelot”

“una persona así

facilmente podría realizar

un milagro o dos,

¿pero donde en el mundo

hay una persona tan

perfecta y pura?

Me apena decirlo,

pero soy demasiado noble para mentir:

Cést moi,

It´s I,

Soy yo”





Bibliografía

Kozan Naumescu, Adrienne. “Science Teacher Competencies in a Knowledge Based Society” Acta Didactica Napocensia Vol 1, Number 1.Rumania, 2008.

TUNING (Tuning Education Structures in Europe) Project http://odur.let.rug.nl/TuningProject/index_phase2.htm


viernes, 15 de marzo de 2013

LA GRAN TENTACIÓN

LA GRAN TENTACIÓN


Andrés Manuel López Obrador

A mediados de su sexenio, ante los cuestionamientos por carecer de un proyecto energético, Felipe Calderón Hinojosa anunció la creación de una refinería. Días después su crítico principal dijo que dejaría de llamarse Andrés Manuel “si se construye una refinería en este sexenio”. Y no fue un vaticinio sino una certeza del autor de La gran tentación.

La gran tentación “Es un retrato acerca de la sobrexplotación, las atrocidades y los actos de corrupción cometidos por hombres sin escrúpulos. Es también un retrato de las grandes gestas del pueblo y de sus buenos gobernantes, sobre todo el general Lázaro Cárdenas, para preservar y utilizar el petróleo en beneficio de los mexicanos y convertirlo en sustento de la independencia económica del país” asienta el autor de la crónica.

Editado por Grijalbo en 2008, La gran tentación consta de tres partes. En la primera, Andrés Manuel López Obrador hace una breve reseña sobre el petróleo en México. Desde la época prehispánica hasta el siglo XX. El núcleo de la obra es la segunda parte. Describe la política económica en la época “del pillaje neoliberal”. Aquí, López Obrador habla del fracaso económico del gobierno de José López Portillo al abrir las puertas a los organismos extranjeros para influir y decidir sobre la política económica de México. Luego, registra el abandono del gobierno de Miguel de la Madrid a la inversión y al gasto social. Es decir, el inicio de las políticas entreguistas que “han llevado al remate de mil empresas públicas y al vandalismo con bienes nacionales que desgraciadamente aún no termina”. Y remata: “Todos los gobiernos neoliberales han mantenido le idea y han avanzado en el propósito de privatizar tanto la industria eléctrica como la industria petrolera”.

En la página 99 de La gran tentación, el político que perdió la presidencia por 0.56 puntos establece que a partir de 1983 los tecnócratas del gobierno dejaron de considerar como prioritario el sector energético. La política petrolera en particular ha sido manejada con perversidad, de manera irresponsable y con una sorprendente falta de visión y sentido común. Lo único que les ha importado-dice López Obrador- es vender petróleo crudo al extranjero, haciendo a un lado la explotación de nuevos yacimientos y, sobre todo, dejando en el abandono la refinación y la industria petroquímica.

En la tercera parte, el ex candidato presidencial establece la lucha de las diversas organizaciones en defensa del petróleo y de su futuro como recurso estratégico.” Todas las proyecciones indican que la demanda energética seguirá en aumento. Incluso se estima que para el año 2020 será 50% mayor que la actual. Es decir, aun cuando se continúa investigando sobre otras fuentes de energía, todavía por varias décadas el desarrollo de la economía mundial seguirá sustentándose en los hidrocarburos”

No cabe duda, La gran tentación es un libro obligado, pero asusta. Las gigantes petroleras están dispuestas a todo- dice Obrador- con tal de apropiarse del oro negro. A propósito, los expertos aconsejan al gobierno venezolano, ya sin Chávez, que todo trato con ellas es riesgoso. (Abel Ruiz López)

sábado, 9 de marzo de 2013

Hugo Chávez, el niño pobre de Sabaneta

Luis Hernández Navarro
Publicado: 06/03/2013 10:13
Hugo Chávez fue un personaje de carne y hueso sacado de la más fantasiosa novela de Gabriel García Márquez. Niño pobre de Sabaneta (capital del estado de Barinas) que juró no traicionar su infancia de escasez y precariedad, aprendió desde muy pronto a sembrar y vender golosinas. Hijo de maestros de primaria que creció con su abuela Rosa Inés y otros dos de sus hermanos, vivió en una casa de palma, con pared y piso de tierra, que se inundaba con la lluvia. Menor que soñaba con ser pintor y que traía en el alma la fantasía de jugar beisbol en las Grandes Ligas, se nutrió toda su vida de sus orígenes humildes.
De la mano de su abuela, a la que llamaba Mamá Rosa, aprendió a leer y escribir antes de entrar a primer grado. Al lado de ella supo de las injusticias de este mundo y conoció la estrechez económica y el dolor, pero también la solidaridad. De los labios de ella, extraordinaria narradora, recibió sus primeras lecciones de historia patria, mezclada con leyendas familiares.
El niño Hugo Chávez viajó por el mundo a través de las ilustraciones y las historias que leyó en cuatro tomos grandes y gruesos de la Enciclopedia Autodidacta Quillet, obsequio de su padre. En sexto grado fue escogido para dar un discurso al obispo González Ramírez, el primero en llegar a su pueblo. Desde entonces le encontró el gusto a hablar en público y a los demás el interés por escucharlo.
Su ídolo fue Isaías Látigo Chávez, pítcher en las Grandes Ligas. Nunca lo vio, pero lo imaginaba al escuchar los partidos en la radio. El día que su héroe murió en un accidente de aviación, al joven Hugo, de 14 años de edad, se le vino el mundo encima.
Para ser como el Látigo, el muchacho de monte entró al ejército. Gracias a sus cualidades de pelotero se le abrieron las puertas de la Academia Militar en 1971. Cuatro años después se graduó como subteniente y licenciado en ciencias y artes militares, con un diploma en contrainsurgencia, con una brújula que marcaba como su norte el rumbo del camino revolucionario.
Su toma de conciencia fue un proceso largo y complejo, en el que se combinaron lecturas, conocimiento de personajes claves y acontecimientos políticos en América Latina. En uno más de los episodios de realismo mágico que marcaron su vida, en 1975, en un operativo el subteniente Chávez encontró en la Marqueseña, Barinas, un Mercedes Benz negro escondido en el monte. Al abrir el maletero con un destornillador se topó con un arsenal subversivo compuesto por libros de Carlos Marx y Valdimir Ilich Lenin, que comenzó a leer.
En la forja de sus actitudes políticas influyó, decisivamente, su hermano mayor Adán, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). También su participación en un experimento educativo de las fuerzas armadas llamado Plan Andrés Bello, preocupado por brindar a los militares una formación humanista. De la misma manera, fue clave en su formación política el descubrimiento de Simón Bolívar y la voracidad intelectual de Chávez, que lo condujo a leer cuanto documento encontró sobre la biografía y el pensamiento del prócer. Más adelante sería definitiva en él la influencia de Fidel Castro, a quien trató como si fuera su padre.
El derrocamiento de Salvador Allende en 1973 le provocó un gran desprecio hacia los militares de la cuña de Augusto Pinochet, tan extendidos en América Latina. Por el contrario, el conocimiento de la obra del panameño Omar Torrijos y del peruano Juan Velasco Alvarado le mostró la existencia de otro tipo de fuerzas armadas de vocación nacionalista y popular, tan diferentes de los gorilas formadas en la Escuela de las Américas.
Rebelde ante el atropello, descubrió en servicio los abusos y la corrupción de sus mandos, y como pudo los enfrentó. “Yo vine a Palacio por primera vez –contaba Chávez– a buscar una caja de whisky para la fiesta de un oficial”. Para removerlos, en el aniversario de la muerte de Simón Bolívar en 1982, un pequeño grupo de oficiales del cuerpo castrense, entre los que se encontraba Chávez, hizo el juramento de Samán de Güere, en el que fundaron el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200).
Casi siete años más tarde se produjo un levantamiento espontáneo de los barrios pobres de Caracas en contra de las medidas de austeridad del gobierno de Carlos Andrés Pérez. El caracazo fue sofocado a sangre y fuego. La rebelión popular dio un gran impulso al movimiento de los militares bolivarianos.
En 1992, Chávez y sus compañeros se levantaron en armas. La asonada fracasó y Chávez fue a prisión. Frente a los medios de comunicación asumió la responsabilidad. Su popularidad y ascendencia política a partir de entonces fueron en ascenso. Al salir libre su presencia política creció aceleradamente ante el colapso del sistema político tradicional. En las elecciones presidenciales de 1998 triunfó con votación de 56 por ciento. A partir de ese momento nadie lo pudo parar. Una y otra vez ganó casi todos los comicios y referendos en los que participó, al tiempo que sobrevivió milagrosamente a un golpe de Estado y un paro petrolero.
A lo largo de los casi 20 años que condujo el Estado venezolano, el teniente coronel refundó su país, lo descolonizó, hizo visibles a los invisibles, redistribuyó la renta petrolera, abatió el analfabetismo y la pobreza, elevó increíblemente los índices de sanidad, incrementó el salario mínimo e hizo crecer la economía. Al mismo tiempo, y en la pista internacional, fortaleció el polo de los países petroleros por sobre las grandes compañías privadas, descarriló el proyecto de un área de libre comercio para las Américas impulsado desde Washington, creó un proyecto alternativo de integración continental y sentó las bases para un socialismo acorde al nuevo siglo.
Hugo Chávez fue un formidable comunicador, un incansable contador de historias, un educador popular. Sus relatos, herencia de los cuentos que Mamá Rosa le obsequiaba en su infancia, mezclaban historia patria, lecturas teóricas, anécdotas personales, con frecuencia en tiempo presente. En todas ellas el sentido del humor estaba presente. “Si tu mujer te pide que te eches por la ventana –jugaba jocoso– es hora de que te mudes a la planta baja...”
Sus narraciones seguían el modelo clásico de las sonatas musicales, en el que dos temas contrastantes se desarrollan en tonalidades vecinas. En sus discursos echaba mano por igual de la poesía y el canto. “Yo canto muy mal –se justificaba–, pero, como dijo aquel llanero, Chávez canta mal, pero canta bonito”, para, a continuación, interpretar una canción ranchera o una balada.
Antimperialista, antineoliberal, comenzó a hacer el milagro de construir los cimientos de la utopía en un país que imaginariamente estaba más cerca de Miami que de La Habana. Llanero de pura cepa, fabulador incansable, Chávez soñó revivir el ideal socialista cuando muy pocos querían hablar de él. Y lo hizo, para no traicionar nunca su infancia de niño pobre de Sabaneta.

lunes, 4 de febrero de 2013

Hernán Cortés, el verdadero autor de la crónica de la Conquista: Duverger

Ángel Vargas
 
Periódico La Jornada
Lunes 4 de febrero de 2013, p. a10
El historiador y arqueólogo francés Christian Duverger echa por tierra todo un hito, considerado válido durante casi 400 años: el autor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España no es Bernal Díaz del Castillo, sino el mismísimo conquistador, Hernán Cortés.
Sabedor de antemano del escozor y la polémica que este planteamiento generará entre ciertos sectores de la comunidad académica del mundo, el reconocido investigador y catedrático, doctor en historia por la Universidad de París (conocida comúnmente como La Sorbona), asegura contar con los elementos históricos y documentales suficientes para demostrarlo, resultado de 10 años de trabajo.
Tales pruebas y argumentos se encuentran contenidos en el libro Crónica de la eternidad: ¿quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España?, que el jueves de esta semana será presentado en México bajo el sello de editorial Taurus.
Mezcla de investigación histórica y novela policiaca, en este volumen el especialista expone quién es en realidad Bernal Díaz del Castillo y cómo fue que el verdadero autor de esa sensacional crónica histórica, considerada documento de primera mano y obra de arte literaria, logró pasar tanto tiempo tras las sombras.
¿Cómo pudo un simple soldado raso, sin experiencia literaria, escribir la magna crónica de la Conquista? ¿Cómo pudo estar tan cerca de Cortés en todo momento y, sin embargo, no aparecer en ninguna de sus cartas, en ninguna de las crónicas y registros de la época?, son las dos interrogantes que plantea Christian Duverger para comenzar la entrevista con La Jornada.
De acuerdo con el historiador, quien es profesor de la cátedra de antropología social de Mesoamérica en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, las dudas sobre Bernal Díaz del Castillo han sido una constante a lo largo del tiempo entre diversos investigadores y autores; incluso alguno por allí ha puesto en tela de juicio su existencia.
Ello debido a las contradicciones y zonas de sombra en la vida del cronista, quien en la famosa historia de la Conquista no escribe nada sobre sí mismo, mas que es nativo de Medina del Campo, en Castilla la Vieja, y que tenía 84 años en 1568, que es la fecha del punto final de su crónica.
El primer documento que tenemos de Díaz del Castillo es de 1544, y todos los especialistas que han buscado su presencia entre los 540 soldados con los que Cortés emprendió la conquista de estas tierras nunca la han encontrado, destaca Duverger.
Ése es un elemento que no soy el primero en señalar. Todos los autores se han topado con eso. ¿Por qué nadie ha sido capaz de hacer su biografía, por qué no tenemos datos biográficos? Ese es un elemento común entre diversos investigadores y autores; lo más que se ha escrito al respecto son dos o tres páginas.
Los primeros datos que certifican la existencia de Díaz del Castillo se remiten a 1544, en Guatemala, donde va a morir en 1584, de acuerdo con el historiador, quien fue consejero cultural de la embajada de Francia y ha sido colaborador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Bernal Díaz del Castillo es un hacendado en Santiago de Guatemala. El personaje histórico existe, pero que sea el autor de la crónica de la Conquista es absolutamente imposible, por varias razones que explico a lo largo del libro, entre ellas fechas, acceso a libros que cita y, finalmente, no tenemos ningún documento que pueda comprobar que supiera escribir, explica.
“Le tocó vivir en una época en la que la separación entre los que recibían instrucción y los que no era muy fuerte. La población instruida en la España de ese entonces era de entre uno y dos por ciento. Eso significa que entre los más de 500 soldados que vinieron con Cortés, si 15 sabían leer y escribir, eran muchos. He buscado entre ellos los que sabían hacerlo, encontré a 12 y no figura Díaz del Castillo.
“La cultura en esa época, pues, era una cosa rara y en la Historia verdadera... hay referencias muy cultas, entre ellas elementos escritos a la manera de Homero, a las historias latina y griega y a la Biblia, así como vocablos nuevos derivados del francés y el latín. Son elementos absolutamente imposibles de encontrar en la mente de un soldado raso como era Díaz del Castillo.”
A lo anterior, el especialista suma inconsistencias e incluso incongruencias de orden práctico que aparecen en la crónica de la Conquista, entre ellas que Díaz del Castillo haga referencia a libros a los que no pudo tener acceso por carecer de la autorización de la corona española y de la Iglesia, como La Historia de la conquista de la Nueva España, de Francisco López de Gómara, y otros de Fray Bartolomé de las Casas.
Christian Duverger señala que el libro Crónica de la eternidad es en realidad la continuación o segundo tomo de su biografía sobre el conquistador de México, Cortés: la biografía más reveladora, escrito en 2001, originalmente en francés, y publicado en español en 2005, también por Taurus.
A su decir, prevalece una visión distorsionada sobre ese personaje, no sólo en términos generales de la sociedad mexicana, sino entre varios historiadores, al desconocerse que era un hombre totalmente mestizo en términos culturales y que muchos elementos de su personalidad provenían de su comprensión del mundo prehispánico.
Existe una visión imperfecta de Cortés. No vamos a negar que la Conquista fue un acto de violencia, conflictivo, pero hay un malentendido sobre la personalidad del conquistador, porque él no quiso destruir a los indios, sino protegerlos, y decidió instalar un mestizaje para, precisamente, poder conservar lo mejor de la cultura prehispánica, señala.
Fue un personaje más inteligente de lo que ha sido considerado. Era un hombre del Renacimiento y, como tal, con apertura de espíritu, lo cual contrasta con la corona española.
Testimonio irrefutable de su humanismo, dice, fue que no quiso que se repitieran en lo que hoy es territorio mexicano los genocidios cometidos contra las poblaciones autóctonas, primero, de Santo Domingo y, luego de Cuba, y planteó para las nuevas tierras conquistadas el ya mencionado proyecto de mestizaje.
Una vez consumada la Conquista, lo que hizo el militar español fue escribir un comentario de ese hecho, en lo que se conoce como la Segunda carta de relación. Oficialmente se trató de una carta al rey Carlos V, pero en realidad fue una manera muy hábil de dar al público de su época conocimiento de esa noticia, refiere el académico.
Eso no es algo normal entre los jefes de guerra. Hay los que saben matar, planear una batalla, pero que no saben pensar lo que hacen, y otra cosa es saber escribir lo que hicieron.
¿Pero cómo, en qué momento y por qué fue que Hernán Cortés escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, y cuál fue el motivo para no firmarla?
Aunque eso es precisamente lo que responde en su libro ya mencionado, Christian Duverger acepta explicar que esa fue una decisión que el conquistador tomó una vez que regresó a España, en 1540, y decidió alejarse del mundo político para ocuparse de dos aspectos en particular: el mundo de la cultura y la memoria de su acción.
Así fue que, entre los años de 1543 y1546, organizó una Academia entre notables, que se reunía una vez por semana en su casa de Valladolid, cuyas actas de sesiones se preservan a la fecha en un libro publicado 20 años después de la muerte de Cortés, ocurrida en 1547. Eso fue para saciar su interés por la cultura.
Respecto de su preocupación por preservar para la posterioridad la memoria de su acción, el conquistador de la Nueva España consideraba que había dos maneras de hacer historia: la documental y la testimonial, platica el investigador.
Lo que hizo fue, por una parte, contratar a una persona para que escribiera la historia de ese hecho a partir de su archivo. Ese personaje fue el eclesiástico Francisco López de Gómara. Y, por otro lado, al mismo tiempo fue ponerse a escribir por su propia cuenta esa fascinante historia, valiéndose para ello, en principio, de la invención de un soldado anónimo, cuenta.
De tal manera, agrega, Cortés tenía asegurada la pervivencia de la crónica de ese hecho desde la perspectiva de la historia documental y también testimonial, subraya Duverger, quien trae a cuenta la prohibición de escribir que recaía sobre el conquistador impuesta por el emperador Carlos V y refrendada luego por el hijo de éste, el rey Felipe II.
“Las obras de Cortés fueron quemadas en plazas públicas, no por el contenido, sino porque era competidor de la legitimidad del propio rey. Fueron éxitos de edición, bestsellers de esa época. La primera carta publicada, que fue La segunda carta de relación, tuvo una edición de 4 mil ejemplares, lo cual fue un éxito en esos años, sobre todo si se considera que el costo de cada libro era el equivalente de 20 mulas o tres o cuatro caballos”, indica.
“Como ya no podía escribir, Cortés consideró que comisionar a López de Gómara era una alternativa que podía funcionar. Pero le faltaba otra parte, la del testimonio; entonces decidió inventar un personaje de soldado raso, testigo permanente de la acción. Éste obviamente era un personaje ficticio.
Entró entonces Cortés en una especie de juego que no es estéril, que tiene sus fundamentos, que es la historia de su acción a partir de datos de archivo y la otra escrita a partir de un testigo y testimonios directos.
–Si se aceptara que Bernal Díaz del Castillo no es el autor de La historia verdadera..., ¿está usted abierto a la posibilidad de que el autor sea otro ajeno a Hernán Cortés?
–Para conocer y entender todos los elementos que figuran en esa crónica hay que tener una vinculación directa con Cortés. Fue así que busqué en torno de su círculo más cercano si alguien más podría ser el autor, pero no encontré pista alguna.
“Además, como expongo en un capítulo del libro, dedicado al aspecto lingüístico, hay elementos del estilo de Hernán Cortés que figuran tanto en las cartas de relación como en la Historia verdadera, digamos, una especie de marca de fábrica.”
El libro Crónica de la eternidad reúne una enorme cantidad de elementos para afirmar que el propio conquistador es el hacedor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, refrenda para concluir el autor, quien en su obra también aborda la fascinante historia del manuscrito de esa crónica y cómo fue que se le atribuyó la autoría a Díaz del Castillo.
Es una visión apoyada en muchos datos, tan sólo hay 40 páginas de citas y referencias. No es, entonces, una fantasía. Es una óptica que renueva la visión sobre Cortés.