Luis Hernández Navarro
Publicado: 06/03/2013 10:13
Hugo Chávez fue un personaje
de carne y hueso saca
do
de la más
fantasiosa novela
de Gabriel García Márquez. Niño pobre
de
Sabaneta (capital
del esta
do
de Barinas) que juró no traicionar su
infancia
de escasez y precarie
da
d, apren
dió
des
de muy pronto a
sembrar y ven
der golosinas. Hijo
de maestros
de primaria que creció
con su abuela Rosa Inés y otros
dos
de sus hermanos, vivió en una
casa
de palma, con pare
d y piso
de tierra, que se inun
daba con la
lluvia. Menor que soñaba con ser pintor y que traía en el alma la
fantasía
de jugar beisbol en las Gran
des Ligas, se nutrió to
da su
vi
da
de sus orígenes humil
des.
De la mano
de su abuela, a la que llamaba
Mamá Rosa,
apren
dió a leer y escribir antes
de entrar a primer gra
do. Al la
do
de ella supo
de las injusticias
de este mun
do y conoció la estrechez
económica y el
dolor, pero también la soli
dari
da
d.
De los labios
de
ella, extraor
dinaria narra
dora, recibió sus primeras lecciones
de
historia patria, mezcla
da con leyen
das familiares.
El niño Hugo Chávez viajó por el mun
do a través
de las
ilustraciones y las historias que leyó en cuatro tomos gran
des y
gruesos
de la
Enciclopedia Autodidacta Quillet, obsequio
de
su pa
dre. En sexto gra
do fue escogi
do para
dar un
discurso al obispo
González Ramírez, el primero en llegar a su pueblo.
Des
de entonces
le encontró el gusto a hablar en público y a los
demás el interés
por escucharlo.
Su í
dolo fue Isaías
Látigo Chávez, pítcher en las
Gran
des Ligas. Nunca lo vio, pero lo imaginaba al escuchar los
parti
dos en la ra
dio. El
día que su héroe murió en un acci
dente
de
aviación, al joven Hugo,
de 14 años
de e
da
d, se le vino el mun
do
encima.
Para ser
como el
Látigo, el muchacho
de monte entró al
ejército. Gracias a sus cuali
da
des
de pelotero se le abrieron las
puertas
de la Aca
demia Militar en 1971. Cuatro años
después se
gra
duó
como subteniente y licencia
do en ciencias y artes militares,
con un
diploma en contrainsurgencia, con una brújula que marcaba
como su norte el rumbo
del camino revolucionario.
Su toma
de conciencia fue un proceso largo y
complejo, en el que
se
combinaron lecturas, conocimiento
de personajes claves y
acontecimientos políticos en América Latina. En uno más
de los
episo
dios
de realismo mágico que marcaron su vi
da, en 1975, en un
operativo el subteniente Chávez encontró en la Marqueseña,
Barinas, un Merce
des Benz negro escon
di
do en el monte. Al abrir el
maletero con un
destornilla
dor se topó con un arsenal subversivo
compuesto por libros
de Carlos Marx y Val
dimir Ilich Lenin, que
comenzó a leer.
En la forja
de sus actitu
des políticas influyó,
decisivamente,
su hermano mayor A
dán, militante
del Movimiento
de Izquier
da
Revolucionaria (MIR). También su participación en un experimento
e
ducativo
de las fuerzas arma
das llama
do Plan An
drés Bello,
preocupa
do por brin
dar a los militares una formación humanista.
De
la misma manera, fue clave en su formación política el
descubrimiento
de Simón Bolívar y la voraci
da
d intelectual
de
Chávez, que lo con
dujo a leer cuanto
documento encontró sobre la
biografía y el pensamiento
del prócer. Más a
delante sería
definitiva en él la influencia
de Fi
del Castro, a quien trató
como
si fuera su pa
dre.
El
derrocamiento
de Salva
dor Allen
de en 1973 le provocó un gran
desprecio hacia los militares
de la cuña
de Augusto Pinochet, tan
exten
di
dos en América Latina. Por el contrario, el conocimiento
de
la obra
del panameño Omar Torrijos y
del peruano Juan Velasco
Alvara
do le mostró la existencia
de otro tipo
de fuerzas arma
das
de
vocación nacionalista y popular, tan
diferentes
de los gorilas
forma
das en la Escuela
de las Américas.
Rebel
de ante el atropello,
descubrió en servicio los abusos y la
corrupción
de sus man
dos, y
como pu
do los enfrentó. “Yo vine a
Palacio por primera vez –contaba Chávez– a buscar una caja
de
whisky para la fiesta
de un oficial”. Para removerlos, en el
aniversario
de la muerte
de Simón Bolívar en 1982, un pequeño
grupo
de oficiales
del cuerpo castrense, entre los que se encontraba
Chávez, hizo el juramento
de Samán
de Güere, en el que fun
daron el
Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200).
Casi siete años más tar
de se pro
dujo un levantamiento espontáneo
de los barrios pobres
de Caracas en contra
de las me
di
das
de
austeri
da
d del gobierno
de Carlos An
drés Pérez. El
caracazo
fue sofoca
do a sangre y fuego. La rebelión popular
dio un gran
impulso al movimiento
de los militares bolivarianos.
En 1992, Chávez y sus
compañeros se levantaron en armas. La
asona
da fracasó y Chávez fue a prisión. Frente a los me
dios
de
comunicación asumió la responsabili
da
d. Su populari
da
d y
ascen
dencia política a partir
de entonces fueron en ascenso. Al
salir libre su presencia política creció acelera
damente ante el
colapso
del sistema político tra
dicional. En las elecciones
presi
denciales
de 1998 triunfó con votación
de 56 por ciento. A
partir
de ese momento na
die lo pu
do parar. Una y otra vez ganó casi
to
dos los
comicios y referen
dos en los que participó, al tiempo que
sobrevivió milagrosamente a un golpe
de Esta
do y un paro petrolero.
A lo largo
de los casi 20 años que con
dujo el Esta
do venezolano,
el teniente coronel refun
dó su país, lo
descolonizó, hizo visibles
a los invisibles, re
distribuyó la renta petrolera, abatió el
analfabetismo y la pobreza, elevó increíblemente los ín
dices
de
sani
da
d, incrementó el salario mínimo e hizo crecer la economía.
Al mismo tiempo, y en la pista internacional, fortaleció el polo
de
los países petroleros por sobre las gran
des
compañías priva
das,
descarriló el proyecto
de un área
de libre
comercio para las
Américas impulsa
do
des
de Washington, creó un proyecto alternativo
de integración continental y sentó las bases para un socialismo
acor
de al nuevo siglo.
Hugo Chávez fue un formi
dable
comunica
dor, un incansable conta
dor
de historias, un e
duca
dor popular. Sus relatos, herencia
de los
cuentos que
Mamá Rosa le obsequiaba en su infancia,
mezclaban historia patria, lecturas teóricas, anéc
dotas personales,
con frecuencia en tiempo presente. En to
das ellas el senti
do
del
humor estaba presente. “Si tu mujer te pi
de que te eches por la
ventana –jugaba jocoso– es hora
de que te mu
des a la planta
baja...”
Sus narraciones seguían el mo
delo clásico
de las sonatas
musicales, en el que
dos temas contrastantes se
desarrollan en
tonali
da
des vecinas. En sus
discursos echaba mano por igual
de la
poesía y el canto. “Yo canto muy mal –se justificaba–, pero,
como
dijo aquel llanero, Chávez canta mal, pero canta bonito”,
para, a continuación, interpretar una canción ranchera o una
bala
da.
Antimperialista, antineoliberal,
comenzó a hacer el milagro
de
construir los cimientos
de la utopía en un país que imaginariamente
estaba más cerca
de Miami que
de La Habana. Llanero
de pura cepa,
fabula
dor incansable, Chávez soñó revivir el i
deal socialista
cuan
do muy pocos querían hablar
de él. Y lo hizo, para no
traicionar nunca su infancia
de niño pobre
de Sabaneta.